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Collection Hispano Music and Culture of the Northern Rio Grande: The Juan B. Rael Collection

La Música Nuevo Mexicana: Tradiciones Religiosas y Seculares de la Colección de Juan B. Rael

Tradiciones Religiosas y Seculares de la Colección de Juan B. Rael

La variedad de tradiciones musicales que se encuentran por el Río Grande del Norte es una constelación única en el mundo hispano, debido a la situación geográfica de Nuevo México y su destino histórico. Durante la época colonial española desde 1598 a 1821, los habitantes, de esta remota provincia norteña vivían en los márgenes del mundo cristiano, una frontera geográfica determinada por desiertos, montañas y el clima frío del norte. Su música, especialmente los romances heroícos, novelescos y burlescos eran una necesaria inspiración en la lucha diaria para sobrevivir. Como en otras zonas aisladas de España y América Latina, versiones de estos famosos cantos narrativos perduraron hasta los tiempos modernos. En la vena lírica, los dos antiguos temas de Eros y Thanatos, el amor y la muerte se renovaban constantemente en las canciones o cantos líricos de cada generación. Un repertorio más duradero de música religiosa expresaba las pasiones del espíritu.

La lejanía de la provincia también contribuía a una crónica escasez de sacerdotes que duró hasta la década de 1870. El vacío resultante fue llenado por una de las tradiciones de música ceremonial y religiosa más singulares del mundo hispano, los floridos "alabados" cantados por la Hermandad "Penitente," las "entregas" o cantos rituales para bodas y otras ocasiones ceremoniales, y los "despedimientos" o cantos fúnebres para el entierro de difuntos. El teatro popular que floreció en la región también inspiró su propia música, con las "Pastorelas" de Navidad y otros dramas religiosos como "El Niño Perdido," "Los Tres Reyes Magos," "Las Apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe," y otros.

La música instrumental se tocaba principalmente en los bailes de pueblo que siempre han sido la diversión principal de la vida comunitaria. La música de bailes es un catálogo de los bailes y tonadas populares acumulados a través de tres siglos. El sensacional "valse" fue bastante escandaloso en su época y la "polca" y "chotiz" del mismo siglo XIX se juntaron al repertorio de otros tiempos como las "cuadrillas" y "redondos." Bailes regionales como la "cuna," la "indita" y el "vaquero" solo se encontraban en Nuevo México.

A principios del siglo XX, el folklorista Aurelio M. Espinosa, mentor de Juan B. Rael, lamentaba el hecho que muchas tradiciones ya se habían perdido. Como se puede esperar, los estilos y tradiciones se desarrollaban constantemente - las formas musicales populares en otras épocas daban lugar a otros gustos. Ya desaparecieron los "trovos" o cantos competitivos que entretenían a los viajeros en las caravanas anuales a Chihuahua. Los antiguos "romances," reliquias de otros tiempos, se reemplazaban por baladas más nuevas que narraban eventos locales y contemporáneos, la "décima," la "indita," y el "corrido." En la actualidad solamente el corrido sigue vigente. La "canción" o tradición lírica popular ya había empezado a dominar. Cada generación decidía lo que sobrevivía y lo que cambiaba.

Las alianzas militares y culturales entre los españoles mexicanos y los indios "pueblo" de los siglos XVIII y XIX produjeron un mestizaje regional. La danza ritual de los "Matachines," bailada todavía tanto en los pueblos hispanos como en los pueblos indígenas, es una representación alegórica del encuentro de culturas y la llegada de una nueva espiritualidad a Nuevo México, todo al gracioso compás de la música de violín y guitarra, europea en sus melodías e indígena en su uso de repetición insistente. La "indita" es otra forma musical que contiene elementos de las dos culturas. Sus ritmos y melodías demuestran influencias indígenas adaptadas al oído europeo. Sus temas varían entre el amor a la tragedia y casi siempre tienen interacciones entre hispanos e indios.

Otra frontera cultural empezó con la apertura del Camino de Santa Fe (Santa Fe Trail) en 1821 y la llegada de los norteamericanos, que relegaron la cultura nuevomexicana al extraño estado de marginalidad y etnicidad. En un ambiente moderno de lucha cultural y asimilación, una sencilla canción de amor cantada en español no se trata únicamente del amor, sino que añade una dimensión de lealtad cultural e identificación étnica. En este contexto, los músicos también se encargan de fomentar la resistencia cultural.

Las calidades "rústicas" y "ásperas" de la música fronteriza de Nuevo México llamaron la atención de los primeros observadores culturales como Charles F. Lummis que llegó a pie en 1884. En la introducción del cancionero nuevomexicano que compiló, dice que "En la aridez y soledad de Nuevo México . . . la música es la imagen de su ambiente." Especulaba sobre la aparente ausencia del talento y esmero musical que se encontraba tan fácilmente en México y en el sur. Ahora como entonces, la música de la región no se caracteriza por su refinamiento, sino por su sentido y sentimiento de necesidad. Como cambian los tiempos, también cambia lo que es necesario para sobrevivir, física y culturalmente. Con las comunicaciones modernas y la tecnología, han desaparecido distancias, pero las barreras culturales son tan grandes como nunca.

En el verano de 1940, Juan B. Rael describió detalladamente este paisaje musical que revela sus propios intereses en el teatro popular y la música ceremonial y religiosa. Grabó ocho horas de música en seis comunidades - Cerro, Arroyo Hondo y Taos en Nuevo México, y Manassa, Antonito y Alamosa en Colorado. Cuatro mujeres y quince hombres fueron grabados. El hecho que quince personas de este grupo tendrían más de cuarenta años son prueba del interés de Rael en las antiguas tradiciones musicales más que las tradiciones emergentes. Las tres cuartas partes de 146 traques de 36 discos de acetato se compone de música cantada y la otra cuarta parte es instrumental.

Aprovechando la nueva tecnología de grabación, la colección de Rael hace la primera documentación significante del repertorio clásico de la música nuevomexicana de violín y guitarra de la tradición de los bailes. Como folklorista literario, deja el análisis de este singular estilo regional a otras generaciones de musicólogos que están analizando las notables estructuras melódicas y métodos únicos de afinar y tocar el violín. Muchas veces llamada "música colonial española," esta tradición solo se remonta a la década de 1860 cuando los bailes europeos de moda salieron de la corte del Emperador Maximiliano en la Ciudad de México. Veinte y tres de las piezas, es decir, la mayoría de las recogidas por Rael, son valses con nombres curiosos y evocativos como "Valse demócrata," "Valse de cinco pesos," "Valse del coyote," y "Valse de Rosana"."

En segundo lugar están las marchas, tan populares para procesiones durante las recepciones de bodas. La colección también incluye cinco versiones de "." El título se refiere a la mujer (o canción) de Varsovia, una moda internacional de canto y baile inspirada por la fundación de la primera república de Polonia en los comienzos del siglo XIX. La lista de éxitos europeos también incluye un "chotiz," que es lo que la comunidad internacional imaginaba como la música y baile de Escocia. La ausencia más notable de la colección son las polcas, y algunas de las formas más antiguas.

Al igual que su mentor, Aurelio M. Espinosa, a Rael le fascinaba la música antigua por su vínculo con la tradición penínsular española. Ambos compartían la tendencia investigar más allá de las tradiciones indo-hispanas y mestizas y las influencias mexicanas y americanas. Aunque había bastantes "inditas" locales y una tradición de Matachines en el cercano pueblo de Arroyo Seco, a unas millas al este de su propio pueblo, Rael incluyó solamente un ejemplo de música indo-hispana en su colección. "El tecolotito" es una canción de amor entre culturas que usa el símbolo del tecolote que vuela entre los pueblos hispanos e indios. Otra ausencia inexplicada de la colección son los romances y baladas narrativas, quizás porque Espinosa ya había recogido los más antiguos en su Romancero nuevomejicano.

Como el repertorio regional de canciones incluye tanta música de México, Rael representó la tradición lírica con solamente dos canciones, ambas satíricas. "El medio muerto" se burla de la indecisión frente a la vida y la muerte. "Los Bienaventurados" es una especie de parodia del Sermón del Monte cantada con la famosa tonada irlandés americana de la "Lavadora Irlandesa" (Irish Washerwoman). La lista de los bienaventurados incluye lectores masculinos y femeninos y suscritores a los periódicos. Son criticados por su credulidad y fantasías. Esta alusión a la tradición de alfabetización casera contradice el estereotipo del hispano analfabeto promovido por los norteamericanos.

Además del amor de Rael por la música del teatro popular (tema de otro ensayo), uno de sus intereses evidentes en la colección es la música ceremonial. Dos de los valses instrumentales, el "Valse de los días" el "Valse de los Manueles" se tocan no en los bailes, sino en las festividades de las vísperas y el mismo día del Año Nuevo respectivamente. Grupos selectos de cantantes y músicos van de casa en casa toda la noche para celebrar "Los Días," una bendición de todos los días del año venidero. Como el primero de enero es la fiesta de Emanuel, las visitas se llevan a las casas de toda la gente llamada Manuel o Manuela en la comunidad. Muchas canciones se cantan durante estas visitas, pero especialmente populares son las coplas improvisadas, compuestas en el momento para honrar o burlarse de un individuo particular. Durante las sesiones de grabacíon, dos cantantes honraron al mismo Rael con coplas que incluyen la siguiente:

Juanito tiene por nombre
y Rael es su apelativo,
un hombre de educación
y tiene muy buen sentido.

Los versos improvisados son también uno de los componentes de la "Entrega de novios," una ceremonia de bodas documentada y analizada por Rael. Debido a la escasez de padres en las zonas rurales, toda la comunidad se juntaba para sancionar a las nuevas parejas y "entregarlos" a sí mismos y a sus nuevas familias y para aprovechar la oportunidad de darles la bendición tradicional. Los sacerdotes bendecían a los matrimonios en sus visitas esporádicas a los pueblos, o cuando la pareja viajaba con el fin de encontrar a uno. Al acompañamiento de un valse animado, el que hace la entrega comienza con una invocación a la Virgen, coplas que describen las uniones bíblicas de Adán y Eva y José y María, y descripciones de la ceremonia de bodas, especialmente si tomaban lugar en otro pueblo o ciudad. Entonces seguían los versos serios y burlescos que ofrecían consejos y admoniciones a la nueva pareja. Después que cada persona presente bendecía personalmente a los novios, los últimos versos se cantaban para honrar a individuos específicos como los suegros, los padrinos y otros parientes.

El baile de "casorio" en que se cantaba la entrega de novios también incluía "La Marcha," una procesión triunfal en que filas de parejas se dividen entre hombres y mujeres para juntarse después en círculos concéntricos y una fila nueva con las manos unidas y levantadas para hacer una especie de túnel de amor donde emerge por fin la nueva pareja. Estas tradiciones de boda son todavía comunes hoy en día.

Además de los dramas, bailes, bodas y canciones, el interés principal de Rael en el verano de 1940 fue la música religiosa de los nuevomexicanos. La mitad de la colección se dedica a los alabados de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, los Hermanos Penitentes, que por dos siglos han mantenido el repertorio vivo en sus memorias y en cuadernos copiados a mano pasados de generación a generación. Algunos como "Con mansedumbre y ternura" y "Por el rastro de la sangre" son romances religiosos que se remontan al siglo XVII en Castilla. Musicalmente, algunos se relacionan a los cánticos gregorianos y sus melodías modales son indicaciones de su antigüedad. La estructura poética de los alabados señalan que algunos tienen orígenes eruditas y que indudablemente fueron introducidos por los padres franciscanos. Los versos octosilábicos de la mayoría muestran sus humildes orígenes más recientes en la región y en el norte de México.

Cuando se cantan, los alabados son una especie de triple meditación cuyo poder radica en su poesía, su música, y los servicios y devociones específicos en que se utilizan. Por ejemplo, "Soy esclavo de Jesús" está repleta de referencias al santo estandarte que se lleva en las procesiones, por lo que este alabado se canta más en las procesiones. "Nos dió su cuerpo el Señor" tiene lugar en la Ultima Cena de Jesús y por eso se canta durante la Comunión o en Jueves Santo o cuando los Hermanos y sus familias se juntan para comer. "La Pasión" se canta en los actos religiosos de Viernes Santo. "Considera, alma perdida" se canta durante las Estaciones de la Cruz, la devoción que recuerda la Via Crucis. En muchas comunidades, la Cuarta Estación se dramatiza con una procesión de mujeres que llevan la estatua de la Virgen cantando "Madre de Dolores" que se encuentra con otra procesión de hombres llevando la estatua de Jesús Nazareno, cantando "Por el rastro de la sangre" u otro alabado que describe lo que están conmemorando.

Los Hermanos y sus familias son devotos de la Pasión de Jesucristo y los alabados inspiran una efusión de piedad y contrición por los pecados y ofensas personales que son parte de la causa de la crucifixión de Jesús. De los sesenta y nueve alabados que grabó Rael, diecinueve narran diferentes facetas de La Pasión y otros diecisiete lamentan el sufrimiento de la Virgen por el sacrificio de su hijo. Otros catorce son himnos de alabanza por la Virgen en sus varios aspectos y vocaciones como Nuestra Señora de los Dolores, de la Soledad, de Guadalupe, del Monte Carmel y del Socorro. Los himnos que alaban la Virgen o los santos como San Pedro y San Antonio a veces se llaman "alabanzas" y son más ligeros y menos trágicos.

En los alabados, Jesús aparece en distintas manifestaciones como Jesús Nazareno en el momento de su juicio, su flagelación y su camino al Calvario; el Cristo Crucificado; el Señor de Mapimí, una devoción regional basada en Sonora; y El Santo Niño de Atocha en que Jesús aparece como un niño peregrino, otra devoción popular basada en Zacatecas. Siete alabados que se clasifican como "rogativas" ruegan por distintas causas como las benditas ánimas del purgatorio, la misericordia divina, el juicio final, y llaman a los fieles a la confesión. Otros evocan sacramentos específicos como la Comunión o la Extrema Unción, o musicalizan oraciones como el Ave María o el Credo. Muchos alabados hacen referencia a las prácticas devocionales de los Hermanos en su emulación y conmemoración de la Pasión:

Jesucristo me acompañe
y el ángel de nuestra guarda,
para hacer el ejercicio
del camino y las tres caídas.
de "Jesucristo me acompañe"

Ay, Jesús del alma mía,
que mi pecado se alivie,
e imitando su Pasión
y tomando la comida.
de "Ayúdame, buen Jesús"

Como el canto llano medieval, los alabados se cantan sin compás medido y proceden según la progresión de palabras y temas. Se cantan en antifonía con la alternación de uno o dos rezadores con la respuesta coral del grupo, un aspecto pedagógico que aprovecharon los padres misioneros en la enseñanza de la doctrina de la iglesia. Los alabados se cantan a cappella, aunque el pito, una flauta que se toca verticalmente, se emplea no para tocar melodías, sino arabescos que evocan el llanto de María y los gritos de las ánimas benditas del Purgatorio. La matraca o sonaja de rueda se toca girando durante las procesiones, especialmente durante el silencio de las campanas el Jueves Santo.

Los alabados se cantan al unísono para simbolizar la unidad y convergenica devocional de la Hermandad. Los alabados más antiguos usan escalas modales y los menos antiguos usan escalas. El estilo de cante es fuertemente melismático, con a veces cuatro o cinco notas cantadas en sílabas claves en una voz temblante que recuerda la música árabe y judía. Para ser plenamente apreciados, los alabados tienen que escucharse en su contexto natural, las procesiones de los Hermanos y los servicios en las moradas, las pequeñas capillas desparramadas en las montañas y cañones del norte de Nuevo México y el sur de Colorado.

El cuadro musical que grabó Juan B. Rael fue la base de sus investigaciones e inició la búsqueda de los orígenes y evolución de estas tradiciones. Como él siempre decía, la música es parte del alma de los nuevomexicanos y la clave para un entendimiento más profundo de su distintiva cultura regional.

Enrique R. Lamadrid
Universidad de Nuevo México

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